31.10.08

Eclipse


Cogió sus manos que vienen del cielo
y los pegó a la pupila de su pecho
como lo hacen los astros navegantes
en el paraíso de lo incierto,
en cada penumbra y en cada sombra,
en el llamado sin nombre de los ojos.


Encontró el eclipse en tu sombra,
se lo llevó a cada latido de la mañana,
conversó contigo y no supo respirar
tu aire, tus líquidos, tu penumbra.


Ya que más puedo contarte
si la madrugada me embarga
si sé que me esperarás mañana
una y menos dos veces más,
una y aunque no exista el final,
me darás la vida sin fruto
pero llenarás mi alma.


Mañana llegarán los demás finales
y te llevarán como carne podrida
como huesos eclipsados en el infinito
como sangre derramada de un paria.



Ella te volvió a coger y no respiraste
no supiste que desde el primer párrafo estaba tu final
no supiste que soy inmortal aún siendo humano
aún llorando el delirio tremulante de tus besos.


Mañana no acabará para mi,
pero significará que los 26 y los viernes
son mi alimento en las penas,
significará que la marchita pluma aún vive.








17.10.08

El Despertar


La sangre emanaba de sus labios,
sus brazos me abrazaban
cogìa mis hombros
y me llevaba hasta el inconsciente.
Su cabello era el reflejo de la sombra,
sus ojos, indescriptibles.
Mi rostro se apegaba màs a su cuerpo
y sus manos acariciaban al viento.
El tiempo no era natural,
nuevamente sus labios se juntaron,
sentì su respiraciòn
una alegrìa extraña.
Este ser que llevo dentro escapa
se transformò en uno solo,
llamò a sus ojos eclipse
y el òpalo en la eternidad...




3.10.08

Oda a Yuyaykuna


Deja libre a ese grito serrano
acaso de dolor,
mas bien, de rencor
que una noche,
esas balas alimentaron.

Yo no viví una Lucanamarca
ni una fría tarde Chunguina;
no sentí esos fríos pastos
ni vi a los muertos arrinconados.

A mi no me rozaron las balas
ni las piernas me cansaronde tanto correr,
pero pude ver a lo lejos
a mi pueblo atardecer.

Yo no olvido a los hombres caídos,
que por la paz que ahora vivo
dieron sus vidas
sin importar testigos.

Yo no sentí el tronar de unas bombardas,
ni escuché el llanto correr;
no vi a esos encapuchados acercarse
y con fusiles en mano dejar su ira caer.

Yo no sentí el golpe en La Mar
ni escuché a ese charanguito silbar,
pero como dice en Yuyaykuna
olvidar a nuestros muertos
Jamás.
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