25.2.09

Fragmento II


La habitación estaba poco iluminada, en realidad no sabía de dónde aparecía esa poca luz que la atravesaba, porque la ventana rectangular en la parte superior de una de las paredes parecía reflejar un cielo totalmente oscuro, no había focos; quizá sea el recuerdo de esos montoncitos de cera que alguna vez fueron velas, pero que ahora se hallaban en un rincón, cristianamente acomodados.
Ella me miraba tan cerca, no sé exactamente dónde estábamos parado, ni el material del suelo, que tenía un aspecto pedregoso; pero parecía que levitara acercándose hacia mí. Sus ojos brillaban, no era necesaria tanta luz para que sus vivos ojos, sus muertos ojos, sus resucitados ojos, me mirasen titilantes. Su pupila de gema observaba mi rostro, ella sonreía como en mis sueños –quizá esto también es un sueño- y sus manos iban pegadas a su cintura, sus manos delicadas que dudarían en apretar el cuello de su opresor.
Una vez más me fijé en el entorno, parecía un calabozo, pero aún así no se sentía un aire de penumbra, a pesar el tétrico lugar existía una luz –no sé si es muy cursi llamarlo así, pero ahora no me importa la opinión de otros- que no era de las velas extintas, ni del oscurecido cielo invadiendo a través de la ventana; sino la luz que atravesaba la “habitación” salía de dos cuencas que me observaban: sus ojos. Unos ojos que imprimían una extraña alegría, con una luz que deseaba que se apagase, que se olvidase de existir, que se quede en un rincón como aquellas ceras carcomidas por el fuego; unos ojos que no aguantaba mirar, que inyectaban un color desaparecido en las paredes de piedra ennegrecida por los siglos.
Mis manos temblaban, y ella se encontraba tan cerca sonriente siempre, cuando me di cuenta de su cuello, un cuello suave de piel clara; y mi cuerpo se lleno de adrenalina, tenía unas ganas tremendas de ahorcarla, mis manos seguían temblando, y su cabello reposaba sobre un hombro haciendo un admirable contraste con su cuello, no aguanté más y alcé mis manos dispuesto a acabar con todo esto -¿Agonía?- pero me detuve a la altura de sus codos, sentí que no podía matarla –maldita sea- no quería sentir el latido de su yugular apagándose, no quería ver su piel clara tornándose morada, u observar sus ojos desorbitados luego de haber cortado por completo la circulación a su cerebro y dejarla sin oxigeno, todo pasaba como imágenes en un cinematógrafo de Europa en los inicios de la modernidad.
Fue entonces que volví a la “realidad” y me di cuenta que el sudor que antes sentía había desaparecido y ella se había acercado mucho más casi rozándome. Mis brazos que se habían inmovilizado ante las imágenes de mi mente, ascendieron lentamente hasta abrazarla. Ella que sólo tenia que levantar sus brazos puesto que estaba pegada a mí, reposó su cabeza en mis hombros y mis labios podían sentir la tibia piel de su cuello que segundos antes deseaba estrangular, su respiración pausad empezó a calmar mi cuerpo, sentir los latidos de su pecho hizo descender mis niveles de adrenalina, y el aroma de su cabello y su piel me hicieron entrar en la burbuja que antes no notaba alrededor de ella, poco a poco se fue apagando mis impulsos asesinos, mi cabeza ya no quería explotar, mis músculos ahora relajados disfrutaban del abrazo que me daba. Ella lo había calmado todo.
-¿Desea algo más joven? -preguntó el mozo que se encontraba parado a la izquierda de mi mesa con la carta del Café nuevamente en la mano.
-Perdón, ¿Cómo dice? –respondí algo aturdido.
-Si desea algo más de tomar, joven.
-Bueno sólo un Moka y nada más, gracias.
-Está bien, en un momento traigo su pedido.
El mozo se retiró hacia la barra donde dejó mi pedido y se dispuso a atender a os personas que habían ingresado al local.
Apuesto que ni se imaginaba que me había despertado de un “sueño” en el que estaba a punto de matar a la persona que ocupa casi todo el día mi mente.


Nota del autor: Dibujo hecho a carboncillo por Anthony Quiroz Olivares, basado en el dibujo de “La Señorita G” del libro de Andrew Loomis

2 comentarios:

Rodrigo dijo...

Buena descripción de cada hecho: el sentir del protagonista y el alrededor que no importa pero complementa.

El relato lleva a la curiosidad si los Café-s pueden ser lugares íntimos. El mozo ni se inmutó del intento de asesinato.

Buen fragmento. Saludos Amigo.

Rodrigo dijo...

Me acabo de dar cuenta que discriminé a "Tony". Buen dibujo, me recuerda al famoso video de A-HA.

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