9.4.09

Poeta Bendito - 188 años del nacimiento de Baudelaire



Epígrafe para un libro condenado

Lector apacible y bucólico,
Ingenuo y sobrio hombre de bien,
Tira este libro saturniano,
Orgiástico y melancólico.

Si no cursaste tu retórica
Con Satán, astuto decano
¡Tíralo! Nada entenderás
O me juzgarás de histérico.

Mas si de hechizos a salvo,
Tu mirar tienta el abismo,
Léeme y sabrás amarme.

Alma curiosa que padeces
Y en pos vas de tu paraíso,
¡Compadéceme…! ¡O te maldigo!


El Muerto Jubiloso

En una tierra grasa y llena de caracoles
Quiero cavar una fosa profunda,
Donde pueda a placer mostrar mis viejos huesos
Y dormir en el olvido como pez en la ola.

Aborrezco los testamentos y odio las sepulturas;
Antes que implorar una lágrima del mundo,
Viviendo, preferiría invitar a los cuervos
A sangrar todos los salientes de mi esqueleto inmundo.

¡Oh gusanos! Negros compañeros sin orejas y sin ojos,
Ved venir a vosotros un muerto libre y jubiloso;
Filósofos disolutos, hijos de la podredumbre.

A través de mi ruina id, pues, sin remordimiento,
Y decidme si hay todavía alguna tortura
Para este viejo cuerpo sin alma y muerto entre los muertos.


El Vino del Asesino

¡Mi mujer ha muerto soy libre!
Puedo, pues, beber hasta saciarme.
Cuando regresaba sin un duro,
Sus gritos me desgarraban las entrañas.

Lo mismo que un rey soy dichoso;
El aire es puro, el cielo admirable…
Teníamos un verano semejante
Cuando de ella me enamoré.

La horrible sed que me desgarra
Tendría necesidad para aplacarse
De tanto vino como pueda tener
Su tumba;-esto no es poco decir-.

Le he arrojado al fondo de un pozo,
Y yo mismo he puesto encima de ella
Todos los guijarros del brocal.
-¡La olvidaré si puedo!-.
En nombre de los juramentos de ternura,
De los que nada no nos puede deshacer,
Y para reconciliarnos
Como en el bello tiempo de nuestra embriagadez.

Le implore una visita,
De noche en una ruta obscura:
¡Ella vino!, -loca criatura-
¡Estamos todos más o menos locos!

Ella era todavía hermosa,
Aunque muy fatigada, y yo,
Yo la amaba demasiado; he aquí por que
Le dije: ¡Sal de esta vida!

Nadie me puede comprender. ¿Uno solo
De entre estos borrachos estúpidos
Sueña en sus noches mórbidas
En hacer del vino un sudario?

Esta crápula invulnerable
Como las máquinas de hierro
Nunca, ni el verano ni el invierno,
Han conocido el amor verdadero.

Con sus negros encantamientos
Su cortejo infernal de inquietudes,
Sus redomas de veneno, sus lágrimas,
Sus ruidos de cadena y osamenta.

-¡Vedme libre y solitario!-
Seré esta noche borracho muerto;
Entonces, sin miedo y sin remordimiento,
Me acostaré en la tierra,
Y dormiré como un perro.

El carromato de pesadas ruedas
Cargado de piedras y de lodos,
El vagón violento puede bien

Aplastar mi cabeza culpable
O partirme por la mitad,
¡Me burlo como de Dios,
Del Diablo o de la Santa Mesa!

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